
Las Korolev se habían propuesto hacer salir la burbuja a la superficie, donde estaría a salvo durante los pocos milenios que le quedaban. Yelén hizo un ademán en dirección al dibujo de la pantalla.
—Esta era la situación poco antes de que empezásemos la operación. Aquí está el siguiente esquema.
La pantalla cambió. El límite rojo del magma se había elevado miles de metros sobre la burbuja. Aislados puntos de luz blanca destacaban en las partes naranja y amarilla que representaban la corteza sólida. Sobre cada una de aquellas luces, el rojo aparecía como una flor que se abriera, y se extendía —Wil se estremeció al pensarlo— casi como sangre alrededor de una herida punzante.
—Cada uno de estos puntos luminosos es una bomba de cien megatones. En los últimos segundos hemos liberado más energía que en todas las guerras de la humanidad juntas.
La sección roja se extendió cuando las distintas heridas se agruparon para formar una extensa hemorragia en el corazón de Kampuchea. El magma todavía estaba veinte kilómetros por debajo del nivel del suelo. Las bombas se habían cronometrado de forma que hubiera una actividad constante justo por encima del nivel rojo más elevado para que la masa en fusión estuviera cada vez más cerca de la superficie. En el fondo de la imagen flotaba la burbuja de los Pacistas, serena e invariable. En la escala a que estaba representada su movimiento hacia la superficie era imperceptible.
Wil desvió su atención de la pantalla y miró más allá del anfiteatro. No se percibía ninguna variación: el horizonte norte seguía con su neblina azul pálido. El lugar del rescate estaba a mil quinientos kilómetros de distancia, pero a pesar de esto, había esperado algo espectacular. Los minutos transcurrían. Una brisa fresca soplaba débilmente por el anfiteatro, moviendo las pseudojacarandas que rodeaban el escenario y repartiendo el perfume de sus grandes flores por la audiencia. En las ramas más altas de un árbol, una familia de arañas había construido una decorativa tela con los colores del arco iris, que destacaban sobre el cielo.
