»¿Sería posible inquirirte cómo avanza tu trabajo con la orgullosa especie pupila "delfín"?

—Oh, sí, el trabajo va muy bien. Hoy hemos conseguido un avance.

—Excelente. Estoy seguro de que no habría sucedido sin tu intervención. He oído decir que tu trabajo es indispensable.

Jacob sacudió la cabeza para despejarse. De algún modo, Fagin había vuelto a tomar la iniciativa.

—Bueno, es cierto que pude ayudar en el problema de la Esfinge de Agua, pero desde entonces mi intervención no ha sido tan especial. Cualquiera podría hacer lo que he estado haciendo últimamente.

—¡Oh, eso es algo que me resulta muy difícil de creer!

Jacob frunció el ceño. Desgraciadamente era cierto. Y a partir de ahora, el trabajo aquí, en el Centro de Elevación, sería aún más rutinario.

Un centenar de expertos, algunos más cualificados que él en porp- psic, esperaban entrar a formar parte del equipo. El Centro probablemente le mantendría aquí, en parte por gratitud, ¿pero quería de verdad quedarse? Por mucho que amara a los delfines y el mar, últimamente su inquietud iba en aumento.

—Fagin, lamento haber sido tan brusco. Me gustaría saber por qué me has llamado… suponiendo que entiendas que la respuesta probablemente seguirá siendo no.

El follaje de Fagin se agitó.

—Tenía la intención de invitarte a una pequeña y amigable reunión con algunos dignos seres de diversas especies, para discutir un importante problema de naturaleza puramente intelectual. La reunión se celebrará este jueves, en el Centro de Visitantes de Ensenada, a las once. No te comprometerás a nada si asistes.

Jacob reflexionó un instante.

—¿Etés, dices? ¿Quiénes son? ¿De qué tratará esa reunión?

—Ay, Jacob, no tengo libertad para decirlo, al menos por tele. Los detalles tendrán que esperar hasta que vengas el jueves, si lo haces.



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