– No podemos rechazar este encargo, Meg. ¡Me he gastado la herencia intentando mantener el negocio a flote y mis padres ni siquiera han muerto!

– ¿Y cómo vamos a saber con quién debemos encontrarnos? Podría ser un psicópata…

– No seas ridícula. El cheque era de una fundación. Y la carta dice que llevará una ramita de muérdago en la solapa.

En ese momento, Holly vio a un hombre alto que se acercaba a ellas con la susodicha ramita de muérdago.

– No hagas más bromas sobre la mafia -le dijo a Meg en voz baja.

– Si salimos corriendo, podríamos tomar el tren antes de que nos mande a sus matones…

– Cállate.

El hombre llegó a su lado y Holly se fijó en el caro abrigo de cachemir y los suaves guantes de piel. Y cuando miró su rostro, se quedó sorprendida. Si aquel hombre era un mafioso, era el mafioso más guapo que había visto en su vida. Tenía el pelo oscuro, despeinado por el viento, y su perfil patricio parecía esculpido en mármol bajo la luz de las farolas.

– Encantado de conocerla, señorita Bennett -la saludó estrechando su mano-. Señorita O'Malley… gracias a las dos por venir.

– De nada, señor… lo siento, no me ha dicho su nombre -sonrió Holly.

– Mi nombre no es importante.

– ¿Cómo nos ha localizado? -preguntó Meg, suspicaz.

– Solo tengo unos minutos para hablar, así que será mejor que vayamos directos al grano -dijo él, sacando un sobre grande del bolsillo-. Toda la información está aquí. El contrato es por veinticinco mil dólares. Quince mil por su trabajo y diez mil para los gastos. Personalmente, creo que veinticinco mil dólares es demasiado, pero no ha sido decisión mía. Por supuesto, tendrán que quedarse en Schuyler Falls hasta el día después de Navidad. Eso no es un problema, ¿verdad?

Sorprendida, Holly no sabía cómo contestar. ¿De quién había sido la decisión y de qué decisión estaba hablando?

– Normalmente, soy yo quien sugiere un presupuesto y, una vez que ha sido aprobado, me pongo a trabajar. Yo… no sé lo que quiere ni cómo lo quiere y tengo una agenda muy apretada.



10 из 105