Era el momento del año en el que se sentía más especial, como una princesa en lugar de la chica tímida y cortada que siempre había sido.

Hacía todo lo posible porque esas fiestas fueran maravillosas, obsesionada con los pequeños detalles, buscando la perfección. Su madre fue quien sugirió que usara su título de decoradora de interiores para especializarse en eso.

Al principio, Holly estaba emocionada con el extraño rumbo que había tomado su carrera y lo ponía todo en los diseños para sus clientes. Pero últimamente la Navidad se había convertido en sinónimo de negocio, beneficios y pérdidas, borrando así los felices recuerdos de la infancia.

Cuando sus padres se mudaron a Florida, empezó a pasar las vacaciones trabajando y, sin su familia, poco a poco perdió el espíritu navideño. Era imposible desplazarse hasta Florida y llevar el negocio a la vez.

De modo que las navidades se habían convertido en algo que empezó a aborrecer. Holly dejó escapar un suspiro. Lo que daría por unas navidades familiares, como antaño…

– ¡Ya lo tengo! -exclamó Meg-. El tipo para el que vamos a trabajar es un testigo protegido por el gobierno y ha dejado atrás a su familia para no cargarlos con sus problemas…

– ¡Ya está bien! -la interrumpió Holly-. Admito que esto es un poco raro, pero mira el lado bueno, Meg. Ahora que hemos terminado todos los encargos, no nos quedaba mucho que hacer.

Desde luego, podía encontrar tiempo para decorar la casa de un cliente que le pagaba quince mil dólares por un trabajo de dos semanas, aunque fuese un testigo protegido por el gobierno.

– ¿Que no nos quedaba mucho que hacer? Tenemos seis escaparates con renos mecánicos que mantener y ya sabes lo temperamentales que son esos renos. Y hay que vigilar el árbol que decoramos en Park Avenue, porque si no todos los adornos acabarán en el río. Además, tenemos que comprar un montón de regalos de empresa…



9 из 105