
Con todo, la situación que se había creado entre Nicole y el era inestable. Tendría que actuar de manera que le hiciera ver que comprendía sus sentimientos porque de lo contrario explotaría, y eso echaría a perder la expedición. Siempre le había sorprendido lo importante que es, para que una excavación sea un éxito, que haya un espíritu de grupo y que este se sienta cohesionado.
Matt salio de la tienda y se quedó mirando la cuenca del valle. El coche estaba cada vez mas cerca. El polvo que levantaba parecía una explosión; luego iba cayendo suavemente, como caen las plumas.
– Lo que más me gusta de este lugar es que nadie puede atacarte por sorpresa-dijo.
– Y así tienes tiempo de levantar fortificaciones con el fin de defenderte.
Nicole se volvió y le lanzo una mirada significativa, como recalcando el doble sentido de sus palabras. Cuando iba andando por el sendero, Matt, que iba detrás de ella, tenía la vista clavada en sus pantalones cortos deshilachados.
Los hilos que colgaban parecían flequillos emblanquecidos sobre la piel desnuda de sus muslos; Nicole andaba despacio y marcaba el paso, lo que le permitió a Matt ver el contorno de las bragas y observar el balanceo de sus nalgas.
Como siempre que hablaba en público, la doctora Susan Arnot estaba excitada, aunque solo fuera, como en esta ocasión, ante unos estudiantes universitarios de antropología de primer curso. Cuando alguien da una conferencia se convierte en el centro de atención y todos los ojos están puestos en el. Tenia que admitir que también le gustaba el hecho de sentir que dominaba la situación. ¿En eso consistía la de magia?
El curso de Susan Arnot sobre el hombre prehistórico era uno de los más populares de la Universidad de Wisconsin, aunque Susan era famosa por ser una profesora exigente a la hora de corregir los exámenes. Inscribirse en un curso que impartía una persona celebre en su especialidad y cuyas teorías, además, al poner en solfa las ideas establecidas, generaban polémica representaba una emoción añadida.
