Y por supuesto estaba también su fama, entre alumnos y profesores, de ‹‹símbolo sexual››. Tenía un biotipo esplendido, unas piernas bastante largas y un estilo de vestir juvenil; a veces, los días que no iba a la universidad, se ponía unos tejanos, una chaqueta de cuero negra e iba en moto, con el pelo largo, negro y brillante remetido en un casco de color cereza. Cuando entraba en un aula o en una sala se producía una conmoción invisible, como si las moléculas se calentaran.

Las clases de Susan eran legendarias entre el alumnado, de modo que sus aulas estaban siempre a rebosar. De pie en la tarima, con un haz de luz lanzado desde el otro extremo del aula por encima de su cabeza como si fuera un proyector orientable, de los que se usan en los teatros, veía los contornos de los rostros pero no las facciones. En la penumbra se distinguía el resplandor de algunas joyas y un par de gafas que reflejaban la luz cual diminutos faros en la semioscuridad.

Había distendido el ambiente con comentarios jocosos: el habitual repertorio de hallazgos arqueológicos raros, las comparaciones entre el hombre de Java y una eminente personalidad de la universidad, el fraude de la mandíbula de Piltdown y un trabajo de investigación de un profesor. Era un recurso fácil pero funcionaba, y se sentía gratificada cuando ellos se reían justo en el momento en que se tenían que reír.

Bruscamente levantó el puno derecho, flexiono el pulgar y se oyó un zumbido distante. A sus espaldas apareció un mapa enorme dibujado con tinta negra; los ríos estaban representados por unas líneas serpenteantes y las colinas por unas pestañas. Los alumnos fijaron su atención en el; algunos levantaron sus plumas, dispuestos a garabatear apuntes. Topónimos alemanes del valle del Rin: Oberhausen, Solin gen, el rió Dussel. Susan alzo el puntero y se acercó al mapa muy seria.



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