Amplió las fotografías, las corto, luego juntó en una secuencia lineal las imágenes que había obtenido por separado, y de ese modo Baylord pudo reconstruir la historia que narraba la tabla. Afirmo que esta hacia referencia a una antigua batalla de tal magnitud, según el, que los supervivientes se habían sentido impelidos a inmortalizarla y transmitirla a las generaciones posteriores.

Adviértanse los intentos por situar la acción en un tiempo y en un lugar determinados -escribió-. Concretamente observamos símbolos que podrían representar las lunas y otros que al parecer representan el follaje estacional. En un extremo hay un dibujo que es, según todos los indicios, una montaña y un peculiar afloramiento rocoso con salientes que le confieren el aspecto del dorso de un puno cerrado.

Desconocemos el lugar exacto en el que se halla este sistema montañoso, pero conviene señalar que la región mas alta del Pamir, que abarca Afganistán, Tadzhikistan, Jammu y Cachemira, en gran parte por explorar, contiene numerosas formaciones rocosas casi únicas por sus dimensiones gigantescas y sus formas extrañas, atribuibles a la erosión de los glaciares.

El relato de la batalla escrito por Baylord era impresionante, aunque en ultima instancia insatisfactorio a causa del trozo que faltaba. Se desconocía el final, si es que lo hubo. La historia se desvanecía en el aire, por así decirlo. Pero pudo discernir claramente dos bandos de guerreros e identificar tres contiendas distintas. Incluso llego a conjeturar que en una esquina había un montón de cuerpos sin vida, aunque los cadáveres estaban curiosamente representados, al parecer, por ojos humanos colgados en unos árboles.

Después de pasarse semanas enteras examinando las fotografías con una lupa y haciendo minuciosos dibujos en un trozo de arcilla con un escalpelo de cirujano con el fin de reconstruir las partes que faltaban, descubrió las diminutas armas de los soldados, las cuales, escribió, ‹‹eran de naturaleza notablemente primitiva››.



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