
– Espero que sea una broma.
Elizabeth lo miró asombrada.
– ¿Y por qué haría una broma así?
Murphy entrecerró los ojos. Se sonrojó y de repente sus pómulos se hicieron prominentes. Parecía estar luchando por no levantar el tono de voz.
– Señorita Lange, creo que no aprecia la seriedad de su situación. Sin usted, la otra testigo sería aniquilada por la defensa. Eso significa que su testimonio está a punto de poner a uno de los hombres más ricos e influyentes de este país en la cárcel durante por lo menos quince años, y treinta si logro que acepten que es asesinato en segundo grado. Si éste hubiese sido un caso contra la Mafia, la habría escondido en un hotel bajo otro nombre y con custodia policial hasta que terminara el juicio. El barón y la baronesa Von Schreiber pueden ser sus amigos, pero también son amigos de Ted Winters y vendrán a Nueva York a atestiguar a su favor. ¿Y usted realmente piensa quedarse con ellos en estas circunstancias?
– Sé que Min y el barón son testigos de Ted -dijo Elizabeth-. No lo creen capaz de cometer un crimen. Si no lo hubiese escuchado con mis propios oídos yo tampoco lo creería. Ellos hacen lo que les dicta la conciencia. Todos hacemos lo que consideramos necesario hacer.
No estaba preparada para lo que le dijo Murphy. Sus palabras, a veces sarcásticas, quedaron reseñándole en la cabeza.
– Hay algo extraño en esa invitación. ¿Usted dice que los Von Schreiber querían a su hermana? Entonces pregúntese por qué van a atestiguar a favor de su asesino. Insisto en que se mantenga alejada de ellos, si no lo hace por mí o por su propio bien, al menos hágalo porque quiere justicia para Leila.
Por fin, avergonzada por el obvio desprecio hacia su propia ingenuidad, Elizabeth aceptó cancelar el viaje y prometió que iría a East Hampton a visitar a algunos amigos o se quedaría en un hotel.
– Si está sola o con alguien, tenga cuidado -le advirtió Murphy. Ahora que había conseguido lo que quería, esbozó una sonrisa; pero se congeló en su rostro y la expresión de sus ojos denotaba preocupación-. Nunca olvide que sin usted como testigo, Ted Winters queda libre…
