La primera página de la carta era fácil de predecir:


Querida Elizabeth:

Espero que esta carta te encuentre bien y con el mejor ánimo posible. Siento que cada vez extraño más a Leila e imagino cómo puedes estar tú. Pienso que una vez que pase el juicio, te sentirás mejor.

Trabajar para Min me ha hecho bien, aunque creo que renunciaré dentro de poco. Nunca me recuperé de esa operación.


Elizabeth volvió la página, leyó unas cuantas líneas más y sintió que se le cerraba la garganta. Dejó a un lado la ensalada.


Como sabrás, he seguido contestando las cartas de los admiradores de Leila. Todavía me quedan tres bolsas enormes. La razón por la que sigo escribiendo es que he encontrado una carta anónima muy inquietante. Es una carta depravada y al parecer forma parte de una serie. Leila no había abierto ésta, pero debe de haber visto las anteriores. Tal vez eso explique por qué estaba tan angustiada estas ultimas semanas.

Lo más terrible es que la carta que encontré fue escrita por alguien que la conocía muy bien.

Pensé en enviarla adjunta a ésta, pero no sé quién se ocupa de tu correspondencia cuando estás ausente y no quería que la viera nadie más. Llámame apenas estés de regreso en Nueva York.

Todo mi amor,

Sammy


Con un creciente sentimiento de horror, Elizabeth releyó aquellas líneas una y otra vez. Leila había estado recibiendo cartas muy inquietantes, depravadas, y eran de alguien que la conocía muy bien. Sammy, quien nunca exageraba, pensaba que eso podría explicar el colapso emocional de Leila. Durante todos esos meses, Elizabeth había pasado varias noches despierta pensando qué era lo que había conducido a su hermana a la histeria. Cartas envenenadas de alguien que la conocía muy bien. ¿Quién? ¿Por qué? ¿Sammy tendría algún indicio?



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