– Es mejor que le digas a esta loca de hija que tienes que cuando soy amable con su hermana y quiero leerle es mejor que no actúe como si estuviera haciendo algo malo. -Matt parecía enojado, pero Elizabeth sentía que estaba asustado.

– Y será mejor que le digas a ese asqueroso abusador de menores que se vaya de aquí o llamaré a la Policía. -Leila le dio un último tirón y le soltó el cabello. Luego fue a sentarse junto a Elizabeth, abrazándola con fuerza.

La madre comenzó a gritarle a Matt; luego, Leila comenzó a gritarle a la madre y por fin, ésta y Matt se fueron a su cuarto y siguieron la pelea; después, hubo largos silencios. Cuando salieron del cuarto, estaban vestidos y dijeron que todo había sido un malentendido y que como las dos estaban juntas, ellos saldrían un rato.

Después de que se fueron, Leila dijo:

– ¿Quieres abrir una lata de sopa y preparar una hamburguesa? Tengo que pensar. -Obediente, Elizabeth se dirigió a la cocina y preparó la comida. Comieron en silencio y Elizabeth se dio cuenta de lo feliz que se sentía de que su madre y Matt hubiesen salido. Cuando estaban en casa permanecían bebiendo y besándose o peleando y besándose. Cualquiera de las dos cosas era horrible.

Por fin, Leila dijo:

– Nunca cambiará.

– ¿Quién?

– Mamá. Es una bebedora y si no es un tipo será otro, hasta que termine con todos los hombres que queden con vida. Pero no puedo dejarte con Matt.

¡Dejar! Leila no podía irse…

– Así que prepara tus cosas -le dijo Leila-. Si ese asqueroso comienza a manosearte, no estarás segura aquí. Tomaremos el último autobús a Nueva York. -Se inclinó hacia delante y le acarició el cabello-. Sólo Dios sabe cómo me las arreglaré cuando lleguemos, Sparrow, pero prometo que te cuidaré.



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