De cerca, pude observar que tenia la cara como un mapa. Le habian dado algunos puntos en el labio y en una ceja, y sus gafas oscuras no conseguian ocultar del todo un espectacular moreton en su ojo derecho.

– No parece peligroso -comento Pili.

– Mas bien da lastima -corrobore yo.

Entrando en clase, le susurre a Maria Gual:

– ?Que le ha pasado al Matagigantes?

– Te has dado cuenta, ?eh? ?Que te dije? Anoche llego tardisimo. Y esta manana se levanta asi… Le ha dicho a mi padre que tropezo con una puerta…

– ?Con una puerta? -exclame-. ?Cuantas veces?

Mientras Isabel nos explicaba el apasionante fenomeno de la gelividad, jugue a imaginarme a Elias tropezando con una puerta por primera vez, y tratando de abrirla y tropezando de nuevo, y dandose un morron al pretender levantarse, y otro cuando entraba alguien y paf, le golpeaban sin querer, y otro cuando… Hasta que Isabel interrumpio su discurso para preguntarme:

– Anguera, ?se puede saber de que te ries?

– De nada -dije.

Adopte una expresion de concentrada atencion y empece a elaborar planes con respecto a Elias. Aquella cara como un mapa podia ser un buen primer objetivo. Poder decirle al senor Gual: -Con que una puerta, ?eh? Mire, mire como consiguio una cara nueva su hijo…

?Como podria demostrarlo? ?Siguiendole a todas partes con la maquina de fotografiar, a la espera de que empezara a arrearse con los punkies para dedicarle un carrete entero? No me gustaba la idea.

A mediodia, al salir del colegio, Pili y yo montamos un numero para aproximarnos al sujeto. Solo pretendiamos hacernos simpaticos, ganarnos su confianza para poder interrogarle sutilmente, sin que pudiera llegar a imaginar nuestras intenciones.

Con el libro de matematicas en las manos, nos pusimos a discutir un complicado problema sobre la descomposicion factorial de las funciones polinomicas. Como por casualidad, pasamos junto a Elias, que estaba quitando el candado de su Montesa. Elias tambien comia fuera de la escuela.



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