
En el taller haciamos una revista, de modo que tenia a mi alcance una maquina de escribir. Me la apropie y escribi en una cuartilla: «Si te interesa un trabajo facil y muy lucrativo, ve al Sotano de Gran Via, cerca de la Universidad (esperaba que aun existiera aquel bar donde solian reunirse heavies de toda Barcelona), entre las cinco y media y las seis y media (de este modo, no tendria tiempo de pasarse por La Tasca para consultar con sus amigos, y yo dispondria de un margen de una hora para mi trabajo) y hablaremos de negocios.»
Era arriesgado, porque si Elias investigaba en la escuela, podia averiguar que maquina se habia utilizado. Pero solo con imaginarme a Elias investigando, con aquella cara de muermo que se le habia puesto al mediodia, me venian ganas de reir. Lo que me interesaba era que el mensaje le picara la curiosidad y fuera a ver de que se trataba.
Lo consulte con Maria Gual.
– ?Que te parece? -le dije.
– ?Oh, Flanagan, es fantastico!
– ?Tu crees que esto le alejara?
– ?Claro que si! ?Yo misma se lo dare y le convencere! ?Oh, Flanagan, que emocionante! ?Y te presentaras en La Tasca?
– Por supuesto. ?Para que imaginas que estoy montando toda esta peripecia?
– ?Oh Flanagan, ?puedo acompanarte?!
– ?Naturalmente que no! -Alce tanto la voz que todos mis companeros del taller de periodismo se volvieron para mirarme. Les devolvi la mirada, muy digno y, para que quedara muy claro, repeti, ahora dirigiendome a toda la clase-: Naturalmente que no. -Y, alejandome de Maria, le susurre al oido a una chica bajita que me miraba divertida-: Na-tu-ral-men-te… que no.
Se rio la chica, se rio el resto de la clase, y la profe me dijo que por favor, si no era mucho pedir, que dejara de hacer el payaso.
Le conteste que si, que con mucho gusto.
