Al salir de clase, observe de lejos como Maria le daba la nota a su hermano. Despues, ella misma me explico como habia ido:

– Toma… -le habia dicho a Elias-. Me lo ha dado un senor muy bien vestido, de terciopelo rojo, con un parche en el ojo. Debia de ser tuerto.

– ?Por que le has dicho que llevaba un traje de terciopelo rojo? -pregunte, horrorizado.

– Para darle un aire de misterio al asunto…

– ?Y tuerto, jope…! -gruni. Y, recuperandome-: ?Y que te ha dicho?

– Lo mismo que tu: «?Vestido de rojo? ?Tuerto? ?Con un parche…?», y yo le he contestado que si, que si, que parecia forrado de pasta y que queria hablar con el a toda costa…

– ?Y por que no me ha dado la nota personalmente? -le habia preguntado Elias, dando muestras de una minima inteligencia.

– ?Ah, eso no lo se…! No habra podido encontrarte -le respondio su hermana, tan frivola como siempre.

– Bien; abreviando… -corte yo el relato-. ?Acudira a la cita, o no?

– Si. Se lo ha tragado todo. Ha dicho: «Bien, a ver de que se trata.» Y parecia como inquieto, como si pensara que pudiera tratarse de alguien a quien el conocia…

– Lo que parecia ya me lo explicaras despues. Ahora tengo que ir a La Tasca…

Lo que llamabamos La Tasca era en realidad el Bar Nando, el cuartel general de los heavies del barrio. Una panda de chicos entre los dieciseis y los veintipocos, con grenas, cazadoras y munequeras de cuero claveteadas, que jugaban a ser peligrosos, bebian litronas a morro y te miraban con ojos turbios, como si estuvieran aburridos de la vida. Las mesas estaban acribilladas de inscripciones grabadas a punta de navaja. Abundaban las S dibujadas como un rayo, imitando el grafismo de las SS nazis: «KISS», «PASSAKONTIGO», «LORENSSO». En el televisor, un video de los Warlock in Concert dando cana y ensordeciendo al personal.

Ahi es donde me fui a meter. Yo solo, sin Maria.



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