
Sintió los copos de nieve sobre el rostro. Empezó a soplar un viento frío que le azotaba las mejillas. Ojalá se encontrara con un policía, para pedirle ayuda, pero ninguno apareció.
De todas formas, sabía lo que tenía que hacer: seguiría a la mujer hasta su casa. Todavía tenía el dólar que su madre le había dado para el violinista. Conseguiría cambio, llamaría a su abuela desde una cabina, y ella mandaría un policía para recuperar el monedero de su madre. "Es un buen plan", pensó. De hecho, estaba seguro de que funcionaría. Tenía que recuperar el monedero, y la medalla que había dentro. Se acordó de cómo su abuela había puesto la medalla en manos de su madre, después de que ésta le hubiera dicho que no serviría para nada.
"Por favor, dásela a Tom y ten fe", dijo la abuela.
La expresión de su rostro era tan tranquila y segura que Brian supo que tenía razón. Cuando él recuperase la medalla y se la dieran a su padre, éste se pondría bien. Brian lo sabía.
La mujer de la coleta empezó a andar más deprisa. Él la siguió mientras cruzaba una calle y caminaba hasta la otra esquina, donde dobló a la derecha.
En la calle en que entraron no había escaparates adornados como en las otras. Algunas zonas estaban tapiadas, los edificios llenos de graffiti y muchas de las farolas, rotas. Cuando Brian pasó, un hombre barbudo, sentado en el bordillo cogido a una botella, tendió la mano.
Por primera vez, Brian se sintió asustado, pero aun así no apartó la mirada de la mujer. La nieve caía más aprisa y la acera se ponía resbaladiza. Se escurrió una vez, pero se las arregló para no caerse. Estaba sin aliento, tratando de no perder de vista a la mujer. ¿Adónde iba?, Se preguntó. Al cabo de cuatro manzanas tuvo la respuesta. Entró en el sendero que llevaba a un viejo edificio, metió la llave en la cerradura y abrió. Brian corrió para llegar a tiempo antes de que la puerta se cerrara detrás de ella, pero llegó tarde. La puerta estaba cerrada. No sabía qué hacer. En aquel momento, a través del cristal vio un hombre que se dirigía hacia él. Mientras el individuo abría la puerta y salía deprisa, Brian se escurrió por la abertura y entró.
