"En realidad, yo no he visto que se le cayera el monedero."

Pero al pasar junto a la mujer había golpeado algo con el pie, bajó la mirada y lo vio allí tirado.

¿Por qué no le he preguntado si era suyo?, Pensó Cally desesperada. Pero en aquel instante recordó un día en que su abuela había vuelto a casa muy molesta y avergonzada. Se había encontrado un monedero en la calle y, al abrirlo, vio el nombre y la dirección de su dueña. Anduvo tres manzanas para devolvérselo, a pesar de que por entonces ya tenía artritis y le dolía cada paso que daba.

La dueña del monedero lo revisó y le dijo que allí faltaba un billete de veinte dólares. Ese recuerdo acudió a la memoria de Cally en el momento de recoger el monedero.

"¿Y si pertenecía a la mujer de la gabardina rosa y ésta creía que Cally se lo había robado o que se había quedado con dinero? ¿Y si avisaba a la policía y descubrían que estaba en libertad condicional? No la creerían, como tampoco la creyeron cuando les dijo que había prestado dinero a Jimmy y le había dado las llaves del coche porque su hermano le había contado que si no salía al instante de la ciudad, uno de la pandilla de la otra calle lo mataría.

"Dios mío. ¿Por qué no he dejado el monedero donde estaba?", Pensó. Contempló la posibilidad de echarlo en el siguiente buzón que encontrara. No, no podía arriesgarse. Durante las vacaciones había demasiados policías de paisano por el centro. ¿Y si uno la veía y le preguntaba qué hacía? No, se iría a casa corriendo. Aika, que cuidaba a Gigi y a su nieto cuando cerraban la guardería, le llevaría la niña de un momento a otro. Se le estaba haciendo tarde.

Meteré el monedero en un sobre, con la dirección que encuentre dentro, y más tarde lo echaré en un buzón -decidió al fin-. Es lo único que puedo hacer.

Llegó a la estación Grand Central. Tal como se imaginaba, la encontró llena de gente que se apresuraba de un lado a otro para coger el tren o el metro y llegar pronto a casa para celebrar la Nochebuena. Se abrió paso a codazos hasta la terminal principal, y logró bajar la escalera hasta la entrada de la avenida Lexington.



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