Dio una vuelta casi en redondo, bien atento a cualquier indicador. El que buscaba estaba junto a un pub y señalaba un camino. Puso el intermitente y entró por el desvío, cruzando setos y entradas de coches hasta una urbanización nueva. Ante él se extendía un paisaje con colinas en el horizonte. De pronto se encontró fuera ya del pueblo, rodando entre setos bien recortados que le arañarían el coche si tenía que arrimarse para ceder paso a un tractor o una furgoneta. Había un bosque a la izquierda, y gracias a otro indicador vio que por allí se iba a la Fuente Clootie. Aquella palabra escocesa le recordaba un postre, envuelto en «paño», que hacía su madre, de sabor muy parecido al pudín de Navidad. Su estómago le dio un aviso recordándole que hacía horas que no comía. Había hecho un breve alto en el hotel para decirle algunas palabras en voz baja a Chrissie. Ella le dio un abrazo, igual que por la mañana en la casa. Con tanto tiempo como hacía que la conocía, qué pocos abrazos se habían dado. Al principio, en realidad, a él le gustaba; extraño, dadas las circunstancias, parecía que ella lo había notado. Luego, él fue el padrino de boda, y cuando la sacó a bailar, ella le susurró maliciosa al oído. Después, en las pocas ocasiones en que se habían visto tras separarse de Mickey, Rebus se había puesto de parte de su hermano. Se imaginaba que habría podido llamarla, decirle algo, pero no lo había hecho. Y cuando Mickey se metió en aquel asunto y acabó en la cárcel, él no fue a verla tampoco. La verdad es que tampoco había ido muchas veces a visitar a Mickey, ni a la cárcel ni después.

Había más historia: cuando él y su esposa se separaron, Chrissie se lo reprochó a él exclusivamente. Ella se llevaba bien con Rhona y después del divorcio las dos se mantuvieron en contacto. Eso era la familia. Tácticas, campañas y diplomacia: la política era más fácil en comparación.

En el hotel, Lesley siguió el ejemplo de su madre y le abrazó también. Kenny dudó un instante pero Rebus le sacó de apuros tendiéndole una mano. Se preguntaba si habría algún altercado, cosa frecuente en los funerales. El dolor acarrea reproches y resentimientos. Mejor no haberse quedado. En el terreno del enfrentamiento, John Rebus tenía más empuje de lo que daba a entender su no desdeñable corpulencia.



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