– ¿Por qué lo dejarían aquí? -inquirió Siobhan, escrutando otra vez el trozo de tela-. ¿Como una especie de trofeo?

– Y si es así, ¿por qué aquí concretamente?

– Tal vez sea uno del pueblo. ¿Existirá alguna relación con la familia en esta zona?

– Creo que Colliar era de Edimburgo.

Ella le miró.

– Me refería a la víctima de la violación.

Rebus hizo una O con la boca.

– Es algo a considerar -añadió ella. Hizo una pausa-. ¿Qué es ese ruido?

Rebus se dio unas palmaditas en el estómago.

– Hace un buen rato que no he comido. ¿Crees que en Gleneagles habrá algún sitio abierto para merendar?

– En función de tu cuenta corriente, no, pero los habrá en el pueblo. Uno de los dos tiene que quedarse hasta que llegue la científica.

– Será mejor que te quedes tú. No quiero que me acusen de protagonismo. De hecho, creo que mereces una invitación a una buena taza de té de Auchterarder -dijo él, dándose la vuelta para irse, pero ella le detuvo.

– ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? -dijo abriendo los brazos.

– ¿Por qué no? -respondió él-. Digamos que es el destino.

– Ya sabes a lo que me refiero.

Él se volvió hacia ella.

– Lo que quiero decir -añadió Siobhan despacio- es que no estoy segura, si quiero que los detengan. Si los detienen y ha sido por mi intervención…

– Si los detienen, Shiv, será por su jodido crimen -dijo Rebus señalando la senda-. Eso, y tal vez cierto trabajo en equipo…


* * *

Al equipo de Escenario del Crimen no le hizo mucha gracia que Rebus y Siobhan hubiesen entrado en el paraje. Habría que tomar huellas de sus pisadas, para eliminarlas, y muestras de pelo.

– Con cuidado -dijo Rebus-. No puedo prescindir de mucho.



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