
El de la científica se excusó.
– Tengo que sacarlos con raíz, si no, no sirven para el ADN.
Al tercer intento con las pinzas lo consiguió. Uno de sus colegas casi había terminado con el vídeo del escenario, otro continuaba haciendo fotos y un cuarto preguntaba a Siobhan qué otros trozos de tela había que retirar para el laboratorio.
– Sólo los más recientes -contestó ella mirando a Rebus.
Él asintió con la cabeza, de acuerdo con su planteamiento mental. Aunque lo de Colliar fuera un aviso para Cafferty, no era óbice para que hubiese otros mensajes.
– Las camisetas tienen marca -comentó el de la científica.
– Más fácil para su trabajo -dijo Siobhan sonriente.
– Mi trabajo es recoger. El resto es de su competencia.
– A propósito -terció Rebus-, ¿podríamos llevarlo todo a Edimburgo en vez de a Stirling?
El de la científica se puso rígido. Rebus no le conocía pero sabía la clase de individuo que era: casi cincuentón y con años de experiencia. Existía mucha rivalidad en la policía entre las diversas zonas, claro. Alzó las manos en gesto de conciliación.
– Lo que quiero decir es que se trata de un caso de Edimburgo y es lógico que no tengamos que estar yendo y viniendo a Stirling cada vez que los jefes pidan algo.
Siobhan sonrió otra vez, por la mención a los jefes, pero asintió ligeramente con la cabeza, admitiendo la habilidad de Rebus.
– Y más ahora -añadió él-, con las manifestaciones y todo lo demás.
Alzó la vista hacia un helicóptero que volaba en círculo. Tenía que ser la vigilancia de Gleneagles. Les había llamado la atención que hubieran aparecido de pronto en la Fuente Clootie dos coches y dos furgonetas blancas sin distintivo. Volvió los ojos hacia el de la científica y comprendió que el helicóptero había sido determinante. En semejantes circunstancias la colaboración era fundamental. Se lo habían machacado en un memorando tras otro. El propio Macrae lo había estado repitiendo en las últimas diez o doce reuniones en la comisaría. «Sean amables. Colaboren. Ayuden a los demás. Porque en estos pocos días el mundo tiene puestos los ojos en nosotros.»
