Cafferty se balanceaba de un lado a otro en su sillón giratorio de cuero tras la mesa de MGC Lettings. A Rebus le constaba que si alguien se demoraba en pagar el alquiler mensual de alguna de las viviendas de Cafferty, era Colliar quien entraba en juego. Cafferty era igualmente propietario de minitaxis y de al menos tres bares de bronca en las zonas menos salubres de la ciudad. Trabajo de sobra para Cyril Colliar.

Hasta la noche en que apareció muerto. Con el cráneo fracturado; un golpe por detrás. El forense creía que había muerto como consecuencia del mismo, pero para mayor seguridad le habían inyectado una jeringuilla de heroína pura. No había pruebas de que el finado fuese heroinómano. «Finado» era la palabra que emplearon, aunque entre dientes, la mayoría de los policías que intervinieron en el caso. Nadie utilizó el término «víctima». Ni nadie fue capaz de decir en voz alta: «El cabrón tuvo lo que se merecía». Ahora eso no se hacía.

Pero no por eso dejaban de pensarlo, compartiéndolo con miradas y asintiendo con la cabeza. Rebus y Siobhan habían trabajado en el caso, pero como en uno de tantos. Había pocas pistas y demasiados sospechosos; interrogaron a la víctima de la violación, a su familia y a su novio de entonces. Y cuando se hablaba del fin de Colliar todos coincidían en un vocablo: «Estupendo».

El cadáver apareció junto al coche en una bocacalle cerca del bar donde trabajaba. No había testigos ni pruebas en el escenario del crimen. Sólo algo curioso: de aquella característica cazadora de nailon habían recortado el emblema CC Rider de la espalda con un filo aguzado, dejando al descubierto el forro interior. No abundaban las hipótesis. Se trataba de un torpe intento de enmascarar la identidad del muerto, o en el forro había habido algo escondido. Los análisis sobre restos de droga fueron negativos, y los policías se encogieron de hombros y se rascaron la cabeza.

A Rebus le pareció una venganza. Colliar se había hecho algún enemigo; o alguien enviaba un aviso a Cafferty. Pero en las diversas entrevistas con el jefe del muerto no había sacado nada en claro.



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