Menudo panorama.

Capítulo 4

– Menudo panorama -dijo Jack Morton. Aspiró con deleite el cigarrillo con filtro, tosió ruidosamente, sacó el pañuelo del bolsillo y depositó en él lo expectorado-. Ja, ja, nueva prueba trascendente -comentó, aunque hizo un visible gesto de preocupación.

– Deberías dejar de fumar, Jack -comentó Rebus sonriente.

Estaban los dos sentados ante un escritorio sobre el que se amontonaban unos ciento cincuenta expedientes de agresores sexuales fichados en Escocia central. Una joven y guapa secretaria, sin duda encantada por las horas extra que las investigaciones por homicidio le permitían hacer, no dejaba de traerles más expedientes, bajo la fingida mirada indignada de Rebus cada vez que aparecía. Esperaba asustarla; si entraba una vez más, la indignación iba a materializarse.

– No, John, son estos cabrones con filtro, que no puedo fumarlos. De verdad que no puedo. Maldito médico.

Mientras lo decía, Morton se quitó el cigarrillo de la boca, le arrancó el filtro y volvió a ponerlo, ridículamente corto, en sus pálidos labios.

– Así está mejor. Es más cigarro.

A Rebus siempre le habían parecido notables dos cosas. Una, que le cayera bien ese Jack Morton y que el sentimiento fuera mutuo, y la otra, que Morton aspirara con tal fuerza un pitillo y expulsara tan poco humo. ¿Dónde iba a parar aquel humo? No podía imaginarlo.

– Veo que hoy estás de abstinencia, John.

– Estoy reduciéndolo a diez al día, Jack.

Morton sacudió la cabeza.

– Diez, veinte o treinta al día, en definitiva, es lo mismo, John. Te lo digo yo. Lo que cuenta es dejarlo o no, y si no puedes dejarlo, lo mejor que puedes hacer es fumar todos los que te apetezca. Está demostrado. Lo he leído en una revista.

– Sí, pero ya sabemos las revistas que lees tú, Jack.

Morton contuvo la risa, tosió estentóreamente otra vez y buscó el pañuelo.



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