
– El sargento tenía razón -dijo Ferras-. El sistema de la cámara no tiene disco; no hay ninguno en la máquina. O lo quitaron o no estaba grabando y la cámara era sólo para asustar.
– ¿Alguna copia de seguridad?
– Hay un par en el mostrador, pero es un sistema de un único disco, que sólo graba una y otra vez en el mismo soporte. Vi muchos sistemas así cuando trabajaba en Robos; duran más o menos un día y luego grabas encima. Puedes sacar el disco si quieres ver algo, pero has de hacerlo el mismo día.
– Vale, no te olvides de esos discos extra.
Lucas volvió a entrar por la puerta de la calle.
– El tipo de la UDA está aquí -dijo-. ¿Lo hago pasar?
Bosch miró a Lucas un largo momento antes de responder.
– Es UBA -dijo al fin-. Pero no lo haga entrar, ahora salgo.
3
Bosch salió de la tienda a la luz del sol; todavía hacía calor, aunque estaba cayendo la tarde. En la ciudad soplaban los vientos secos de Santa Ana; los incendios en las colinas habían dejado una palidez de humo en el aire. Bosch notó que se le secaba el sudor en la nuca. Casi de inmediato se encontró en la puerta con un detective de paisano.
– ¿Detective Bosch?
– Soy yo.
– Detective David Chu, de la UBA. Me ha llamado la patrulla. ¿En qué puedo ayudarle?
Chu era bajo y de complexión delgada, y no había rastro de acento en su voz. Bosch le hizo una señal para que lo siguiera, pasó por debajo de la cinta y se dirigió a su coche. Se quitó la chaqueta mientras caminaba; sacó el librito de fósforos y se lo guardó en el bolsillo de los pantalones, luego dobló la chaqueta del revés y la dejó en una caja de cartón que llevaba en el maletero de su coche de trabajo.
– Hace calor dentro -le dijo a Chu.
Bosch se soltó el botón del medio de la camisa y se metió la corbata por dentro. Pensaba participar de lleno en la investigación de la escena del crimen y no quería que nada se interpusiera.
