
– Bosch y Ferras, en marcha -dijo Gandle cuando llegó hasta ellos-. Necesito que os ocupéis de un caso en el South Bureau.
Bosch vio que su compañero dejaba caer los hombros bruscamente. No le hizo caso y estiró el brazo para coger el papel que sostenía Gandle. Miró la dirección escrita en él: South Normandie. Había estado allí antes.
– Es una licorería -explicó Gandle-. Un hombre muerto detrás del mostrador; la patrulla está reteniendo a un testigo. No sé nada más. ¿Listos para salir?
– Listos -dijo Bosch antes de que su compañero pudiera quejarse.
Pero no funcionó.
– Teniente, esto es Homicidios Especiales -protestó Ferras, volviéndose y señalando la cabeza de jabalí colgada encima de la puerta de la sala de la brigada-. ¿Por qué hemos de ocuparnos de un atraco en una licorería? Sabe que es un caso de bandas y los de South pueden resolverlo antes de medianoche, o al menos saber quién ha disparado.
Ferras tenía razón. Los casos difíciles y complejos los llevaban Homicidios Especiales, una brigada de elite que se encargaba de investigaciones complicadas con el talento implacable de un jabalí que hurga en el barro para sacar una trufa. Un atraco en una licorería situada en un territorio controlado por las bandas difícilmente cumplía esos requisitos.
Gandle, cuya calva y expresión adusta lo convertían en el administrador perfecto, separó las manos en un ademán que expresaba una ausencia absoluta de compasión.
– Os lo dije a todos en la reunión de personal de la semana pasada: esta semana nos toca reforzar a South. Están en cuadro, tienen un equipo de guardia mientras todos los demás están en un curso de homicidios hasta el día 14. Les tocaron tres casos el fin de semana y éste, esta mañana, así que el equipo de guardia no da para más. Es vuestro turno y os toca el caso del atraco. Punto. ¿Alguna pregunta? La patrulla está esperando allí con un testigo.
– Allá vamos, jefe -dijo Bosch, zanjando la discusión.
