– Más o menos, pero fue hace mucho tiempo. Vamos.

Bosch pasó al lado de su compañero y entró en la licorería.

Había varios agentes de patrulla y un sargento en el interior del establecimiento, largo y estrecho. La distribución consistía básicamente en tres pasillos. Bosch miró hacia el del centro, que terminaba en otro pasillo perpendicular con una puerta abierta que daba al aparcamiento de detrás de la tienda. Las neveras de bebidas ocupaban la pared del corredor de la izquierda y toda la parte de atrás. Los licores estaban en el pasillo derecho, mientras que el central estaba reservado para el vino, con el tinto a la derecha y el blanco a la izquierda.

Bosch vio otros dos agentes uniformados en el pasillo del fondo y supuso que estaban reteniendo al testigo en lo que probablemente era un almacén o un despacho. Dejó el maletín en el suelo, al lado de la puerta, y sacó dos pares de guantes de látex del bolsillo de la chaqueta. Le dio un par a Ferras y ambos se los pusieron.

El sargento reparó en la llegada de los dos detectives y se separó de sus hombres.

– Ray Lucas -dijo a modo de saludo-. Tenemos una víctima detrás del mostrador. Se llama John Li: ele, i. Creemos que ha ocurrido hace menos de dos horas. Parece un atraco en el que el tipo no quiso dejar testigos. En la Setenta y siete muchos de nosotros conocíamos al señor Li; era un buen hombre.

Lucas les hizo una señal a ambos para que se acercaran al lugar donde se hallaba el cadáver. Bosch se agarró la chaqueta para que ésta no tocara nada mientras rodeaba el mostrador hasta llegar al pequeño espacio que había detrás. Se agachó como un catcher de béisbol para mirar más de cerca al hombre que yacía sin vida en el suelo. Ferras se inclinó sobre él como un umpire.

La víctima era asiática y aparentaba casi setenta años. Estaba tumbada boca arriba, mirando con ojos inexpresivos al techo. Tenía la mandíbula apretada, casi en una mueca, y al morir había expectorado sangre en labios, mejillas y barbilla. La parte delantera de su camisa estaba asimismo empapada de sangre, y Bosch vio al menos tres orificios de bala en el pecho. El hombre tenía la pierna derecha doblada y torcida de manera extraña bajo la otra. Obviamente se había desplomado en el mismo sitio donde se hallaba antes de que le dispararan.



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