La Garda hizo públicos un retrato robot y una imagen borrosa obtenida de la cinta, que se enviaron por fax a Londres. Sin embargo, aquella noche, los equipos de rescate sacaron de los escombros un cadáver que por lo visto coincidía con la descripción del sospechoso. Al desvestir el cadáver, el patólogo descubrió un voluminoso aparato ortopédico en su rodilla derecha. La policía ordenó efectuar una radiografía. El patólogo no encontró lesión alguna en el hueso, el cartílago ni los ligamentos de la rodilla que requiriera el uso de semejante aparato.

– Creo que el hombre lo llevaba para simular la cojera, no para proteger una rodilla lesionada -concluyó el patólogo con la mirada fija en la pierna del cadáver-. Y también creo que su único sospechoso está oficialmente muy muerto.

Al norte, en el Ulster, los investigadores de la Unidad Especial de la Real Jefatura de Policía del Ulster empezaron a llamar a sus fuentes e informadores, desde los bares y callejones de West Belfast hasta las granjas pintadas de amarillo en los alrededores de Portadown y Armagh, pero sin éxito alguno. Una cámara de vigilancia del ejército había grabado el asesinato de Eamonn Dillon, y la cámara de seguridad situada sobre la puerta del Celtic Bar había captado la huida del asesino, pero ninguna de las dos proporcionó ningún plano útil del asesino. La Jefatura de Policía del Ulster pidió a los ciudadanos que tuvieran alguna información que llamaran a la Línea Confidencial, un teléfono especial a través del cual se podían dar pistas a la policía desde el anonimato, pero ninguna de las cuatrocientas llamadas recibidas arrojó ninguna luz sobre el caso. Las autoridades examinaron y descartaron como falsas doce reivindicaciones de autoría. Las unidades dedicadas a recabar información técnica secreta, mediante vigilancia por vídeo y escuchas electrónicas, se apresuraron a revisar las grabaciones más recientes en busca de indicios de un ataque inminente que pudieran haber pasado por alto, pero no encontraron nada.



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