
En un principio se discutió bastante acerca de la posible identidad de los culpables. ¿Se trataba de un grupo o de dos? ¿Una acción coordinada o simple coincidencia? ¿Habían sido los republicanos o los lealistas? El asesinato de Eamonn Dillon y la bomba colocada en la Biblioteca Nacional de Dublín sugerían que los terroristas eran protestantes lealistas, mientras que el atentado del metro apuntaba a los republicanos, pues los paramilitares lealistas casi nunca atacaban fuerzas británicas y jamás habían colocado una bomba en Gran Bretaña. Sin hacer aspavientos, la policía interrogó a conocidos miembros del Ejército Republicano Irlandés y la Fuerza de Voluntarios Protestantes del Ulster. Todos aseguraron que no estaban implicados ni sabían nada del asunto.
A las ocho de la tarde, los ministros y responsables de seguridad nacional se reunieron con el primer ministro en la Sala del Gabinete de Downing Street. Todos reconocieron a regañadientes que carecían de pruebas concluyentes que señalaran a un grupo o individuo. En resumidas cuentas, estaban perplejos.
A las nueve menos cuarto, todo cambió.
El teléfono zumbó débilmente en la atestada redacción de la BBC. Las noticias de las nueve, el programa estrella de la noche, daría comienzo al cabo de quince minutos. El productor ejecutivo tenía intención de dedicar la primera mitad del programa a los atentados terroristas. Había enviados especiales preparados en Belfast, Dublín, Heathrow y Downing Street. A causa del caos reinante en la redacción, el teléfono sonó diez veces antes de que una joven ayudante de producción llamada Ginger lo cogiera.
– Llamo para reivindicar la autoría de la ejecución de Eamonn Dillon y las acciones del aeropuerto de Heathrow y Dublín.
