Desde su punto de observación, el hombre divisaba a la perfección Falls Road, la sede central del Sinn Fein, donde el objetivo trabajaba a diario, y el Celtic Bar, donde iba a beber cerveza a última hora de la tarde.

«Dillon va a hablar en un encuentro comunitario en Andersontown a las cinco -le habían comunicado sus supervisores-. Eso significa que irá con prisas. Saldrá del cuartel general a las cuatro y media e irá al Celtic para tomarse una cerveza rápida.»

La puerta de la sede central del Sinn Fein se abrió. Por un instante, la iluminación interior bañó la acera mojada. Oveja Negra vio a su víctima, Eamonn Dillon, el tercer hombre del Sinn Fein tras Gerry Adams y Martin McGuinness, miembro además del equipo negociador para los acuerdos de paz. Asimismo era un devoto padre de familia, con mujer y dos hijos, pensó Oveja Negra. Desterró la idea de su mente; no tenía tiempo para pensar en esas cosas. Un guardaespaldas lo acompañaba. La puerta se cerró tras él, y los dos hombres enfilaron Falls Road hacia el oeste.

Oveja Negra arrojó el cigarrillo al suelo, atravesó el parque, subió unos escalones y se detuvo en el cruce de Falls Road y Grosvenor Road. Una vez allí pulsó el botón de cruce para peatones y esperó con toda calma a que el semáforo cambiara de rojo a verde. Dillon y su guardaespaldas aún estaban a unos cien metros del Celtic. El semáforo cambió. No había ningún soldado británico en Falls Road, sólo la pareja apostada en las inmediaciones del partido de fútbol en el parque. Tras cruzar la calle, Oveja Negra giró hacia el este y se situó frente a Dillon y el guardaespaldas.

Empezó a caminar deprisa, con la cabeza gacha y la mano derecha aferrada a la culata de la Walther. En un momento dado alzó la mirada para comprobar la posición de Dillon. Treinta metros, treinta y cinco a lo sumo. Quitó el seguro de la Walther y pensó en los niños protestantes que comían rosquillas en Great Victoria Street.



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