Añadió que el error del equipo médico probablemente había sido empeñarse en hacer funcionar el corazón de aquella paciente con cargo a los asegurados.

Para zanjar todo posible debate, explicó que el líquido inyectado se había acumulado alrededor del pericardio.

Y cuando usted ha frenado bruscamente ha pasado al corazón, que ha tenido una reacción puramente química y se ha puesto en marcha.

Desgraciadamente, aquello no cambiaba en absoluto la muerte cerebral de la víctima. En lo referente al corazón, cuando el líquido se disolviera, se detendría.

– En el caso de que no lo haya hecho ya -añadió.

Fernstein invitó al policía a pedir excusas al doctor Stern por su nerviosismo, totalmente fuera de lugar, y rogó a este último que pasara a verlo antes de marcharse. El agente se volvió hacia Philip.

– Veo que en la policía no tenemos el monopolio del corporativismo -masculló-. No le deseo que pase un buen día.

Acto seguido, giró sobre sus talones y abandonó el recinto del hospital.

A pesar de que los dos batientes se cerraron tras él, se oyó el ruido de las puertas de la furgoneta al ser cerradas con violencia.

Stern se quedó con los brazos apoyados en el mostrador, mirando a la enfermera de guardia con el entrecejo fruncido.

– Pero ¿qué es todo ese rollo que ha contado?

La mujer se encogió de hombros y le recordó que Fernstein lo esperaba.

Philip llamó a la puerta del jefe de Lauren. El mandarín lo invitó a entrar. De pie, detrás de la mesa, dándole la espalda y mirando por la ventana, esperaba ostensiblemente que Stern hablase primero, cosa que hizo. Le confesó que no entendía lo que le había dicho al policía. Fernstein lo interrumpió con sequedad.

– Escúcheme bien, Stern. Lo que le he dicho a ese oficial es la explicación más sencilla para que no haga un informe sobre usted y destroce su carrera. Su comportamiento es inadmisible para alguien con su experiencia. Hay que saber aceptar la muerte cuando se nos impone. Nosotros no somos dioses ni responsables del destino. Esa chica estaba muerta cuando llegaron, y su obstinación habría podido costarle cara.



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