Arthur se dio cuenta de que no tenía elección, de que iba a tener que escuchar lo que esa chica quería decirle, y aunque su único deseo en aquel momento era dormir, se sentó junto a ella y escuchó la cosa más increíble que había oído en su vida.

Se llamaba Lauren Kline, afirmaba que era médica interna y que hacía seis meses había sufrido un accidente de coche, un grave accidente de coche debido a que se le había roto la dirección.

– Estoy en coma desde entonces. No, no piense nada todavía y deje que le cuente.

No recordaba nada del accidente. Había recobrado la conciencia en la sala de reanimación, después de que la hubieran operado. Experimentaba unas sensaciones extrañas, oía todo cuanto se decía a su alrededor, pero no podía moverse ni hablar. Al principio lo había achacado a los efectos de la anestesia.

– Estaba equivocada. Pasaron las horas y yo no conseguía despertar físicamente.

Continuaba percibiéndolo todo, pero era incapaz de comunicarse con el exterior. Entonces la había dominado un terrible miedo, al pensar durante varios días que estaba tetrapléjica.

– No se imagina por lo que he pasado. Prisionera en vida de mi propio cuerpo.

Había deseado con todas sus fuerzas morir, pero resulta difícil acabar con uno mismo cuando no se puede levantar ni el dedo meñique. Su madre estaba a la cabecera de la cama. Le suplicaba mentalmente que la asfixiara con la almohada. Después había entrado un médico en la habitación y había reconocido su voz; era la de su profesor. La señora Kline le había preguntado si su hija podía oír cuando le hablaban, a lo que Fernstein había respondido que no lo sabía, pero que unos estudios permitían pensar que las personas que se hallaban en su situación percibían signos del exterior y que, por lo tanto, era preciso tener cuidado con las palabras que se pronunciaban a su lado.

– Mamá quería saber si algún día volvería en mí.

El había contestado en un tono sereno que tampoco lo sabía, que había que mantener una dosis justa de esperanza, que algunos enfermos habían vuelto en sí después de varios meses, que era muy raro pero que en ocasiones pasaba. «Todo es posible -había dicho-. No somos dioses, no lo sabemos todo. -Y había añadido-: El coma profundo es un misterio para la medicina.»



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