– Pero esa experiencia no la he repetido. Me resulta demasiado penoso estar a su lado sin poder comunicarme con ella.

Además, Kali percibía su presencia y empezaba a dar vueltas en redondo gimiendo; aquello volvía loco al pobre animal. Había ido allí porque al fin y al cabo era su casa, y seguía siendo el sitio donde se encontraba mejor.

– Vivo en una soledad absoluta. No se imagina lo que es no poder hablar con nadie, ser totalmente transparente, no existir ya en la vida de nadie. Así que comprenderá mi sorpresa y mi excitación cuando usted me ha hablado esta noche, en el armario, y me he dado cuenta de que me veía. No sé por qué, pero, con tal de que esto dure, podría seguir hablándole durante horas. ¡Necesito tanto hablar! ¡Tengo centenares de frases almacenadas!

El frenesí de palabras dejó paso a un instante de silencio. Unas lágrimas asomaron por la comisura de sus ojos. Miró a Arthur. Le pasó una mano por la mejilla y por debajo de la nariz.

– Debe de creer que estoy loca.

Arthur se había calmado, impresionado por la emoción de la muchacha, sobrecogido por el portentoso relato que acababa de escuchar.

– No. Todo esto es muy…, ¿cómo lo diría?…, inquietante, sorprendente, insólito. No sé qué decir. Quisiera ayudarla, pero no sé cómo.

– Deje que me quede aquí. Pasaré inadvertida, no le causaré molestias.

– ¿Cree realmente todo lo que acaba de contarme?

– Usted no cree ni una palabra de lo que le he contado, ¿verdad? Está diciéndose que tiene delante a una chica completamente desequilibrada, sin ninguna posibilidad.

El le pidió que se pusiera en su lugar. Si ella se hubiera encontrado a media noche a un hombre escondido en el armario de su casa, ligeramente sobreexcitado, intentando explicarle que era una especie de fantasma en coma, ¿qué habría pensado y cuál habría sido su reacción en caliente?



26 из 178