No sólo era eficiente, sino una mujer de negocios competente. Había dedicado los últimos cinco años a levantar un negocio de restauración. Mick sentía respeto y admiración por lo que su vecina había logrado, pero nunca había podido decírselo. Para ser sincero, ella lo intimidaba.

Su pelo, por ejemplo. Era de color rojo canela. Cuando se lo soltaba, le llegaba hasta la espalda. Además cambiaba de peinado con frecuencia. ¿Cómo podía un hombre saber cómo era ella en realidad? Un día parecía una solterona, y al día siguiente una vampiresa.

Pero todo el tiempo era una mujer muy atractiva y deseable, lo cual, confundía todavía más a Mick.

Kat era baja, pero incluso con unos vaqueros viejos y una blusa holgada, resultaba explosiva. Sus ojos color castaño claro estaban llenos de vida y humor, inteligencia y pasión. Siempre se movía con ligereza, y con gracia. Quizá no era una belleza clásica, pero su abundante pelo rojizo, sus delicadas facciones y su precioso cutis de marfil llamarían la atención de cualquier hombre.

Pero era esa misma femineidad lo que desconcertaba a Mick, porque nunca la había visto con nadie. Sus hijas decían que la llamaban muchos hombres, pero nunca aparecía el coche de ningún pretendiente por los alrededores los fines de semana. Ella estaba en su casa todas las noches. Mick había sido su vecino cinco años. Lo sabía. Cinco años era mucho tiempo para que una mujer tan atractiva estuviera completamente sola.

Por supuesto, era también mucho tiempo para que Mick descubriera por fin que no era tan intimidante. En realidad, estaba resultando bastante fácil hablar con ella.

– No voy a regañar a tus hijas delante de ti -dijo la joven-. Pero quiere que me des permiso para estrangularlas mañana, ¿de acuerdo?

– Tú estrangulas a una y yo a la otra -accedió él.

Kat siguió con el dedo una gota de agua que descendía por su botella de cerveza. Todavía no la había abierto.



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