
– Bueno, está de moda llevar varios pendientes a la vez.
– ¿Y enseñar el trasero está de moda también? Porque ella dice que sí. ¿Cómo puedo saber esas cosas? Todas las amigas que invita a casa son iguales… horribles. Hace años que no le veo los ojos. Los esconde detrás de toneladas de rimel. Siempre trae a casa buenas notas, eso sí. Sus profesores y profesoras la adoran. Yo confío en ella y le concedo suficiente libertad, pero… a veces me pregunto si no le estoy dando demasiada…
La mano delicada dé Kat se cerró en la encallecida mano de él un instante. Ella intentaba decirle así que lo comprendía.
– Sé que no es fácil y menos aún porque no tienes a una mujer que te apoye, pero, ¿no se te ha ocurrido que quizá lo estás haciendo todo mejor de lo que piensas?
– Si fuera así, dudo de que trataran de ganarse tu compasión, Kat.
– He estado pensando en eso -los ojos de Kat reflejaban seriedad-. No creo que lo que Angie y Noel han hecho sea tan terrible, tan poco corriente. Quizá tú hayas sido un adolescente sin problemas. Yo fui una calamidad y me pasaba la mitad del tiempo hablando con los demás de lo mal que me trataban en casa. Sin embargo, me la pasaba de maravilla en casa, mis padres eran comprensivos y cariñosos, pero era más divertido inventarme historias y hacerme la víctima. A los adolescentes les gusta lamentarse, eso los divierte.
– Quizá mis hijas tenían razones para quejarse.
– Y quizá tú eres demasiado duro contigo mismo.
– No lo creo. Antes salíamos hablar mucho. De repente ya no sé nada de ellas y mis opiniones son tontas…
Kat volvió a sonreír.
– Mick, las chicas te quieren. Ya se les pasará.
– Nunca -gruñó Mick con un dejo de humor-. Jamás podré hacer una llamada de negocios desde casa los próximos seis años, porque debes creerme, jamás se irán de casa. Nunca se casarán. Cualquier muchacho en su sano juicio que eche una mirada al cuarto de baño de las chicas en el primer piso… -Mick se puso rígido de repente-. ¿Y quién es ese tal Johnny que mencionaste?
