Kat notó que empezaba a dolerle la cabeza y a ponerse tensa. Tenía una opinión muy clara sobre lo que Noel debía o no llevar, pero había una gran diferencia entre servir en ocasiones de figura materna y en entrometerse en la vida de la chica. La forma en la que Mick educaba a sus hijas era problema de él, no de Kat. No quería tener que vérselas con su vecino…¿pero cuánto tiempo más toleraría ver que las chicas tenían que soportar la indiferencia y el descuido de Mick?

Trató de borrar a ese hombre de su mente, pero no le resultó fácil. Las dos chicas la siguieron al cuarto de baño. Mientras se lavaba la cara, se interrumpían la una a la otra al hablar sin parar. ¿Cuál era el mejor remedio para el acné, qué edad tenía Kat cuando se depiló las piernas por primera vez, a qué hora la dejaban llegar sus padres cuando tenia quince años? Cada pregunta denotaba que necesitaban a alguien que las guiara. Se preguntó cómo su padre podía estar tan ciego.

El cuarto de baño ejercía una especial fascinación en las chicas. La bañera de mármol negro y los azulejos color limón eran de otro siglo. A Angie le encantaba la antigua cadena del water. A Noel le gustaba tocar los cepillos de plata y el jabón de limón. Pero en ese momento estaban más interesadas en charlar y en contemplar a Kat mientras convertía su elegante peinado en un moño descuidado. Cuando el tiempo era agradable, su largo pelo rojizo era el orgullo y la alegría de Kat, pero con ese calor a veces sentía la tentación de raparse…

– Hoy lavé toda la ropa -anunció Angie.

– ¿Y que? Yo aspiré toda la casa y fregué el suelo de la cocina. Papá lo deja todo peor cuando intenta ayudar -confió Noel-. Los hombres son unos inútiles. Yo iba a ir de compras, pero se le olvidó dejar el dinero.

Kat dejó el cepillo del pelo con fuerza en el tocador. Una semana antes, Angie le había explicado cómo había preparado una cena lamentable y escasa. Eso era bastante indignante, pero cuanto más oía acerca de las tareas domésticas que pesaban sobre los hombros de las pobres criaturas, más ganas tenía de estrangular a su vecino. Lo que la exasperaba más era que las muchachas no se quejaban. Pensaban que su padre era una combinación de galán de la pantalla y caballero andante.



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