– ¿Por qué crees que es broma?

– Pues es positivamente… medieval.

– ¿Tan reciente? Bueno estoy seguro de que te encantará saber que hay un lavabo y un W.C. fuera del anexo de la cocina.

– ¿De veras? -preguntó ella en tono de desafío-. ¿Y funciona el W.C?

– Yo no apostaría -el rubor en sus mejillas denotaba disgusto. Casey dejó escapar un grito de susto cuando él la tomó por la muñeca y la forzó a seguirlo. Ella trató de liberarse, pero la sujetó con más fuerza, y al llegar a la escalera, la asió por la cintura y tiró de ella mientras la chica gritaba y le golpeaba las espinillas frenéticamente, con sus tacones. Ya arriba en la recámara principal, la empujó sobre el gran lecho de caoba.

– Ya he sido demasiado condescendiente con tu familia todo este día, Casey Blake. Tu padre piensa que me está haciendo un favor al permitirme que compre su deuda, y tu madre con esa cara de sepulcro… ¿tiene la más remota idea de lo cerca que estuvo de perderlo todo, incluyendo su casa? Eres mi mujer en la riqueza y en la pobreza. Si esto es lo más modesto que tenemos, puedes considerarte afortunada. Yo he conocido peores situaciones. Mucho peores -arrojó su elegante saco al suelo y se quitó la corbata.

– ¡Gil! -le suplicó ella-. No. No hay necesidad de esto -él la ignoró y ella reaccionó demasiado tarde. Rodó en la cama cuando el entró, pero éste logró detenerla del saco. Frenética, desabrochó los botones y trató de escapar, pero era demasiado tarde. E! la sujetó del brazo y la detuvo con facilidad a pesar de su lucha. Con la mano libre le desabrochó el único botón de la falda.

– ¡No quiero… Gil… Suéltame! -sin hacer caso de los puños que lo golpeaban y de sus desesperadas súplicas, la inmovilizó en la cama sujetándola con una mano mientras que con la otra terminaba de desnudarla.

– ¿Crees que no sé lo que habías planeado, Casey? ¿Creíste que podrías mantenerme alejado de ti? Lo lograste una vez, pero ahora eres mi esposa y esta vez, te lo juro, serás mía -su tono era duro y ronco por la excitación de la lucha.



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