El empujón funcionó. Al menos en parte. Todavía estaba viva cuando aterrizó en el suelo de cemento, pero la medida de su éxito difícilmente merecía un aplauso. Porque en el proceso, se había golpeado la frente contra el marco de la ventana y se había arañado los senos. Aterrizó sobre una cadera y una muñeca. El sótano estaba más negro que el alquitrán y olía a moho y a humedad. Pero aunque hubiera sido el Taj Mahal no se habría enterado; el cuerpo le dolía demasiado como para que eso la preocupara. Las estrellas danzaban ante sus ojos y, aunque no estaba segura de que fuera posible romperse el trasero, tenía la certeza de que ella se había roto el suyo.

Por si fuera poco, de pronto una luz iluminó sus ojos.

Y, para coronar la debacle, el hombre que sostenía la linterna le resultaba familiar. Dolorosamente familiar. Y no tenía un solo rasguño. Estaba recién afeitado y no tenía ni una gota de barro en las botas.

– Me ha parecido que estaban intentando entrar una docena de niños en la casa. Has hecho ruido suficiente para despertar a un muerto. Debería haberme imaginado que eras tú. Maldita sea, Rebecca, ¿qué estás haciendo aquí?

Rebecca entrecerró los ojos y respondió suavemente:

– En este momento, estoy aquí sentada, con cuarenta y siete huesos rotos y compadeciéndome de mí misma. Por favor, Dios, haz que esto sea una pesadilla y que cuando me despierte ese hombre sea cualquier otro. Conviértelo en un espía ruso, en un asesino en serie. En lo que quieras, en cualquier cosa menos en Gabe Devereax.

– Tienes suerte de que sea yo. Y por lo menos yo tengo algún motivo para entrar aquí. ¿Es que te has dejado el cerebro en casa? Podrías haberte matado. O haber conseguido que te mataran. Y tienes peor aspecto que un gato callejero después de una pelea.

– Gracias por compartir conmigo tu opinión. Me estoy muriendo de dolor y lo único que se te ocurre es gritarme.

– Y te gritaría mucho más si pensara que iba a servir de algo. Por el amor de Dios, estás empapada, cubierta de barro, y parece que te están creciendo ramas en el pelo. Si eso no es una estupidez, no sé qué puede serlo. Y ahora, deja de discutir conmigo. Solo quiero ver si estás herida.



8 из 171