
– Yo ya sé que estoy herida -pero el orgullo le dolía el doble que cualquiera de sus heridas.
Gabe se había agachado a su lado. Y Rebecca continuó con los ojos cerrados hasta que sintió sus fuertes manos sobre ella. Entonces abrió los ojos como platos.
Había momentos y lugares en los que a Rebecca no le habría importado que un hombre la manoseara… Incluso podría haberle asignado a Gabe aquel papel… pero no cuando la estaban tocando como si fuera un asexuado saco de azúcar. Con dedos inmisericordes, Gabe tanteó sus tobillos, subió por sus pantorrillas, le hizo inclinar las rodillas y le levantó los brazos. Rebecca protestó varias veces, pero Gabe, o bien no le estaba prestando atención, o no la creía.
Posiblemente Rebecca no estaría tan resentida si Gabe no tuviera tan buen aspecto. Solo el cielo sabía cómo había entrado en la casa, pero era obvio que con una buena dosis de ingenio. Sí, Gabe era el mejor. Ese era el motivo por el que Rebecca había convencido a su familia para que le permitieran investigar la desaparición de su madre. Y aunque no había conseguido nada en aquel caso en particular, estaba teniendo mucho más éxito con otros casos en los que se había visto envuelta la familia. Pero en aquel momento en el que ella debía tener un aspecto infame, Gabe no tenía una sola mota de polvo encima. Llevaba el pelo como recién peinado, la barbilla afeitada, y la camiseta azul marino metida de forma impecable por la cintura de los vaqueros. En sus botas no había ni una gota de barro.
Rebecca no lo conocía muy bien. De hecho, no estaba segura de que fuera posible conocer bien a un hombre como Gabriel Devereax. Algunos miembros de su familia ya habían comenzado a notar que se llevaban tan bien como un reptil y una mangosta. Pero Rebecca no solo no tenía nada contra él, sino que había sido ella la que había urgido a su familia a contratarlo. Sabía que Gabe tenía una reputación y unas credenciales inmejorables. Lo respetaba. Pero cuando era su familia la que estaba en peligro, no iba a conformarse quedándose sentada en el asiento de atrás y dejando que fuera otro el que condujera.
