
—Me alegro de que pudieras venir, Al. —Maguire miró apreciativamente a Esther—. Y ésta es la niña de Boyd Livingstone, ¿no es así?
—¿Cómo está tu padre, Esther?
—Más atareado que nunca… Ya sabes cómo es él con el trabajo.
Esther estrechó la mano de Maguire.
—Me han dicho que está pensando meterse en política. ¿Sigue tan quisquilloso con el juego?
—Quiere hacer saltar hasta el último hipódromo del país.
Esther sonrió a Maguire, y Garrod se sorprendió al notar un vago asomo de inquietud. Esther no conocía la industria de la aviación; se hallaba presente sólo por cortesía, y sin embargo la atención de Maguire estaba totalmente centrada en ella. Dinero hablando con dinero.
—Dale recuerdos de mi parte, Esther. —Un rasgo de teatral preocupación apareció en el maduro rostro de aspecto juvenil—. Dime, ¿por qué no os habéis traído al viejo?
—No pensamos en pedírselo —dijo Esther—. Pero estoy segura de que habría disfrutado con el primer vuelo del…
—No es el primer vuelo —intervino Garrod, con más severidad de la que pretendía—. Es la primera demostración pública.
—No seas tan duro con la damisela, Al —dijo riendo Maguire, apretando el puño contra el hombro de Garrod—. Además, por lo que respecta a tus cristales, es el primer vuelo.
—¿Sí? Creía que el Thermgard había sido incorporado la semana pasada.
—Así debía ser, Al, pero habíamos adelantado los ensayos de baja velocidad y nos era imposible restar tiempo del programa para cambiar los cristales.
—No lo sabía —dijo Garrod. Inevitablemente, recordó el Stiletto rojo y el sorprendido y acusador rostro de su conductor—. ¿De manera que éste es el primer vuelo con mis cristales?
—Eso acabo de decir. Los incorporamos ayer por la noche, y si no hay tropiezos el Aurora irá con velocidad supersónica el viernes. ¿Por qué no pedís algo de beber y buscáis un asiento ahí delante?
