
—¿Te acuerdas de mí? —dijo Esther, celosa—. No sé pilotar un avión, pero soy una excelente cocinera.
Garrod se volvió para mirar a su esposa, preguntándose si aquellas palabras habían transmitido el significado exacto pretendido por ella. Los ojos castaños de Esther se cruzaron con los suyos, y Garrod comprendió que, en la mañana de su segundo aniversario de boda, en una importante solemnidad sociocomercial, Esther estaba insinuando que él tenía tendencias homosexuales, simplemente porque su atención se había apartado de ella unos instantes. Introdujo el hecho en un sumario mental, y a continuación dedicó a su esposa la mejor de sus sonrisas.
—Cariño —dijo afectuosamente—, voy a traerte más bebida.
Esther devolvió la sonrisa al instante, apaciguada.
—Creo que tomaré un martini esta vez.
Garrod se ocupó él mismo de traer la bebida. Estaba poniéndola en la mesa cuando los motores del Aurora emitieron un intenso zumbido, que al cabo de unos segundos se perdió en un retumbo que hizo vibrar el suelo, mientras el encendido acababa de ajustarse. El sonido continuó al mismo nivel durante varios e interminables minutos, aumentó cuando la aeronave empezó a rodar y se hizo casi insoportable en el instante en que el Aurora giró hacia la pista principal y apuntó momentáneamente las toberas en dirección al entoldado. Garrod notó que su cavidad torácica estaba vibrando. Experimentó algo muy similar al pánico de un animal… Después, la aeronave siguió avanzando y se produjo una relativa tranquilidad.
