
Esther apartó las manos de las orejas.
—¿No es excitante?
Garrod asintió, manteniendo la vista fija en el Aurora. La lustrosa configuración de titanio se arrastró en la distancia —torpe sobre su tren de aterrizaje, igual que una mariposa herida— y lanzó destellos al virar su proa hacia el viento. Con un retraso sorprendentemente insignificante, el Aurora rodó a lo largo de la pista, cobró velocidad y se alzó en el aire. Tormentas de polvo se desplazaron por el terreno detrás del Aurora, mientras la aeronave se preparaba para un vuelo auténtico, recogiendo sus apéndices y alerones, y ladeándose hacia el sur.
—Es maravilloso, Al. —Esther le cogió por el brazo. Me alegro de que me hayas traído.
La garganta de Garrod quedó bloqueada por el orgullo. A su espalda, un altavoz emitió una tos y luego una voz masculina empezó a recitar una descripción no técnica del Aurora. La voz siguió hablando impasible mientras la aeronave desaparecía de la vista en medio de un vibrante azul, y concluyó afirmando que, si bien el Aurora aún no estaba autorizado a llevar pasajeros, la SCA iba a intentar ofrecer a sus invitados una impresión de cómo era volar en el avión, enlazando el sistema de altavoces para el público con la red de comunicaciones.
—Hola, señoras y caballeros —intervino la voz de Renfrew al oír el pie—. El Aurora se encuentra aproximadamente a quince kilómetros al sur de su posición, y volamos a una altura de mil doscientos metros. Estoy preparando el aparato para un viraje a la izquierda, y estaré de nuevo sobre el aeropuerto en poco menos de tres minutos. El Aurora se deja manejar como un sueño, y… —la voz profesionalmente soporífera de Renfrew calló un momento; después volvió con un tono de asombro—. Esta mañana parece un poco lento en su respuesta a las órdenes de control, pero probablemente es debido a la combinación de poca velocidad y aire denso y caliente. Como estaba diciendo…
