—Eso es típico de Flip —dije yo, aunque realmente no le estaba escuchando. Le estaba mirando.

Cuando te pasas tanto tiempo como yo analizando modas y costumbres, acabas por detectarlas a primera vista: ecohippie, deportista, corredor de Wall Street, terrorista urbano. El doctor O'Reilly no era nada de eso. Era aproximadamente de mi edad y mi estatura. Llevaba una bata de laboratorio y pantalones de pana lavados tantas veces que la tela estaba completamente gastada en las rodillas. También se le habían encogido las perneras por encima de los tobillos y se veía claramente la marca a partir de donde se los había alargado.

El efecto, sobre todo con las gafas de culo de botella, tendría que haber sido de empollón de ciencias, pero no lo era. Para empezar, tenía pecas. Además, llevaba un par de zapatillas de tenis blancas con agujeros en los dedos y descosidas.

Los empollones de ciencias llevan zapatos negros y calcetines blancos. Ni siquiera usaba un protector de bolsillo, aunque le hubiese convenido. Tenía dos manchas de tinta de boli y un borrón de marcador en el bolsillo del pecho de la bata, y uno de los bolsillos estaba descosido por abajo. Y había algo más, algo que no pude detectar, que me impedía encuadrarlo en ninguna categoría.

Lo miré fijamente tratando de averiguar qué era exactamente, tanto que él me miró con curiosidad.

—Quería dejar la caja en la oficina de la doctora Turnbull —dije rápidamente—, pero se ha marchado a casa.

—Tenía una reunión para tratar el tema de la beca. Es muy buena consiguiéndolas.

—Es la cualidad más importante de un científico hoy en día.

—Sí —dijo él, sonriendo amargamente—. Ojalá la tuviera yo.

—Me llamo Sandra Foster —dije, tendiéndole la mano—. Sociología.

Él se frotó la suya en la pana y me la estrechó.

—Bennett O'Reilly.

Eso también era extraño. Tenía mi edad. Tendría que haberse llamado Matt, o Mike o, Dios no lo quiera, Troy. Bennett.



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