Me lo quedé mirando otra vez.

—¿Y es usted biólogo?—dije.

—Teoría del caos.

—¿No es eso un oxímoron?

Él sonrió.

—Tal como lo planteé, sí. Por eso dejaron de financiar mi proyecto y tuve que venir a trabajar para HiTek.

Tal vez eso explicara la rareza; y quizá se llevaba la pana y las zapatillas blancas entre los teóricos del caos. No, el doctor Applegate, de Química, pertenecía al caos, y vestía como todos los de I+D: camisa de cuadros, gorra de béisbol, vaqueros, zapatillas Nike.

Y casi nadie en HiTek trabaja en su campo. La ciencia tiene sus modas y locuras, como todo lo demás: la teoría de cadenas, de la eugenesia, el mesmerismo. La teoría del caos estuvo en alza durante un par de años, a pesar de Utah y la fusión fría, o tal vez por eso, pero ambas cosas fueron sustituidas por la ingeniería genética. Si el doctor O'Reilly quería una beca, tendría que renunciar al caos y crear un ratón mejor.

Se acercó a la caja.

—No tengo frigorífico. Tendré que dejarla en el porche —la cogió, gruñendo un poco—. Vaya, sí que pesa. Flip probablemente se la entregó a usted a propósito para no tener que traerla hasta aquí. —La levantó con la rodilla cubierta de pana—. Bueno, gracias de parte de la doctora Turnbull y de todas las otras víctimas de Flip —dijo, y se internó en la maraña de equipo.

Era claramente una frase de despedida, y, hablando de becas, yo todavía tenía que clasificar todos aquellos artículos sobre el pelo corto antes de irme a casa. Pero seguía intrigada por saber qué le hacía parecer tan extraño. Le seguí por el laberinto de material.

—¿Flip es responsable de todo esto? —dije, escurriéndome entre dos pilas de cajas.

—No. Estoy preparando mi nuevo proyecto —pasó por encima de un montón de cuerdas.



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