—¿Cuál es? —aparté una red de plástico que colgaba. —Difusión de información —abrió una puerta y salió al porche—. Aquí se mantendrá lo suficientemente fría —dijo, soltando la caja.

—Sin duda —contesté; me froté los brazos porque el viento de octubre era gélido. El porche daba a un gran patio cerrado, rodeado por muros altos y cubierto de rejilla. Había una puerta al fondo.

—Se usa para los experimentos con animales grandes —informó el doctor O'Reilly—. Esperaba tener los monos en julio para que pudieran estar aquí fuera, pero el papeleo ha tardado más de lo previsto. —¿Monos?

—El proyecto consiste en estudiar las pautas de difusión de información en un grupo de macacos. Se le enseña una nueva habilidad a uno de los macacos y luego se estudia su difusión en el grupo. Estoy trabajando en el promedio de habilidades útiles contra las inútiles. Enseño a uno de los macacos una habilidad de escaso valor práctico que exija poca destreza y plantee múltiples niveles de dificultad…

—Como el hula-hoop —dije yo.

Él soltó la caja ante la puerta y se incorporó.

—¿El hula-hoop?

—El hula-hoop, el minigolf, el twist. Todas las modas requieren poca habilidad. Por eso el ajedrez nunca se convierte en una. Ni la esgrima.

Él se subió las gafas de culo de botella.

—Estoy trabajando en un proyecto sobre las modas. Qué las causa y de dónde vienen —dije.

—¿De dónde vienen?

—No tengo ni idea. Y si no vuelvo al trabajo, no lo sabré nunca. —Le tendí de nuevo la mano—. Encantada de conocerle, doctor O'Reilly.

Regresé por entre el laberinto. Él me siguió, diciendo pensativo:

—Nunca se me habría ocurrido enseñarles a bailar el hula-hoop.

Iba a decirle que no pensaba que allí hubiera espacio suficiente, pero eran casi las seis, y tenía que recoger montones de papeles del suelo y clasificarlos antes de volver a casa.



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