
Le dije adiós al doctor O'Reilly y regresé a Sociología. Flip estaba en el pasillo, con las manos en las caderas sobre la falda de cuero.
—He vuelto y usted no estaba —lo dijo como si la hubiera dejado hundida en arenas movedizas.
—He bajado a Biología.
—He tenido que venir desde Personal —dijo ella, sacudiéndose el pelo—. Usted me dijo que volviera.
—Estaba cansada de esperarte, así que he entregado el paquete yo misma —le contesté, esperando que protestara y dijera que repartir el correo era trabajo suyo. Me equivocaba: eso habría implicado admitir que era responsable de algo.
—Lo he buscado por toda la oficina —dijo virtuosamente—. Mientras la esperaba, recogí todas esas cosas que dejó tiradas por el suelo y las eché a la basura.
LA VIEJA TIENDA DE CURIOSIDADES (1840–1841)
Moda literaria suscitada por el folletín basado en una historia de Dickens sobre una niña pequeña y su apurado padre, que son expulsados de su tienda y obligados a vagabundear por Inglaterra. El interés por la obra fue tan grande que, en América, la gente abarrotaba los muelles a la espera del barco procedente de Inglaterra que traía el siguiente capítulo; incapaces de esperar a que el barco atracara, quienes aguardaban gritaban a los pasajeros de a bordo: «¿Murió la pequeña Nell?» Lo hizo, y su muerte condenó a lectores de todas las edades, sexos y grados de dureza a agonías de pesar. Vaqueros y mineros del oeste lloraron sin disimulo leyendo las últimas páginas y un diputado irlandés tiró el libro por la ventanilla de un tren en marcha y estalló en lágrimas.
El nacimiento del Támesis no parece tal cosa, sino un pastizal, y ni siquiera abundante. Allí no crece ni una sola planta acuática. Si no fuera por un viejo pozo, lleno de piedras, sería imposible incluso localizar el lugar. Las vacas, sin prestar atención a las piedras, vagabundean perezosas por el prado, mordisqueando flores y hierbas, ajenas a que algo significativo comienza bajo sus patas.
