Ella debía de estarse imaginando cosas, pensó Gina.

Carson no dio muestras de haberla visto, y siguió a Philip Hale llevando al niño por el hombro.

– Me pregunto qué le ocurre a ese niño -le dijo Gina a la joven recepcionista.

– Pobre niño. Sus padres no se hablan, lo usan como arma. Al parecer el señor Page está intentando impedir que su ex tenga acceso a Joey.

– ¡Eso es terrible!

Su idea de Carson Page se vino abajo.

Volvió a su oficina y se puso a trabajar. Al rato se echó atrás en la silla, bostezó y se estiró. Era por la tarde. El sol estaba caliente.

Miró por la ventana y exclamó:

– ¡Dios santo!-se puso de pie.

– ¿Qué está haciendo ese niño ahí?

Era Joey Page. Estaba dando vueltas por la calle, al parecer sin importarle las furiosas motos a su alrededor. Un coche casi lo atropello. Un motorista le gritó, pero el niño solo parecía sorprendido, como si lo que hubiera a su alrededor no fuera real.

– ¡Oh, Dios!-susurró ella-. No sabe… No puede…

Salió corriendo de su oficina, atravesó la zona de recepción y salió a la calle, rogando llegar a tiempo.

Llegó hasta el niño y lo sujetó por el brazo. El niño se quiso soltar, pero ella lo agarró más firmemente y lo llevó nuevamente a la acera.

– ¿En qué estabas pensando? -le preguntó ella sin aliento-. ¡Podrían haberte atropellado!

– Yaa… yaaa… yaaa… -el niño la miró severamente y se soltó.

Detrás de su furia, el niño parecía aturdido, como si las palabras de Gina no significaran nada para él. Y entonces ella estuvo segura de algo que había sospechado. Se agachó para que el niño pudiera ver sus labios.

– Eres sordo, ¿verdad? -le dijo lentamente.

– ¡Ahha!-gritó él.

Tenía un gesto triste. Y ella sabía quién lo privaba de su madre.

– No bajes a la carretera -le dijo hablando lenta y claramente-. Es peligroso -ella intentó ponerle la mano en el hombro.



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