– ¿Con Renshaw Baines? Yo soy uno de sus clientes. Al menos lo seré después de una entrevista esta tarde.

– ¡Oh, cielos! ¡He ofendido a un cliente!

– Eso es un poco injusto si tenemos en cuenta que yo he hecho poco para no ser ofendido.

– Pero yo he abollado su Rolls.

– Bueno, no se lo diré a nadie, si usted no lo hace. De todos modos, puede arreglarlo contándome cómo es Philip Hale, que va a ser quien se ocupe de mis asuntos. No lo conozco. Descríbalo.

– Philip Hale… Bueno, es un nuevo socio… Todos dicen que es brillante… Mejor hombre no puede haberle tocado.

– No le cae bien, ¿verdad? -preguntó él, leyendo entre líneas.

– Sí… no… Bueno, más bien yo no le gusto a él. No aprueba mi forma de trabajar. Yo soy un peso liviano, y él no quería darme el trabajo. Señor Page, realmente no debería preguntarme a mí.

Él volvió a sonreír, y se transformó en un hombre encantador.

– Me gustaría que pudiera verse la cara en este momento. De acuerdo, no lo haré. ¿Por qué piensa que usted es un peso liviano?

– Lo soy, según su criterio. Pero no puede decir nada de mi trabajo de papeleo. He hecho algunos trabajos que hasta él ha tenido que reconocer que han sido buenos.

– ¿Trabajos de papeleo? ¿No hace dramáticas apariciones en las cortes?

– No, gracias. Me siento contenta de permanecer en la trastienda.

– ¿No es eso un poco aburrido para una mujer joven?

– Para mí, no -dijo ella con energía-. Durante años yo…

– Siga.

– No, sería hablar demasiado de mí misma. Normalmente no lo suelo hacer.

– Pero yo estoy interesado. ¿Qué pasó durante años?

– Yo… estuve enferma, eso es todo. Y daba la impresión de que no podía vivir una vida normal. Pero ahora, sí. Tengo un buen trabajo, y mi pequeña y modesta cuota de éxito, y es como un sueño para mí. Usted ha dicho que debía de ser aburrido para mí, pero yo no veo nada aburrido en mi vida. Porque es mucho más de lo que esperaba.



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