Fue en casa en unas vacaciones breves de uno de los internados suizos donde pasaba demasiado tiempo en su niñez. Estaba sentada tan discretamente como era posible con sus caderas anchas encaramadas en una silla dorada en el rincón del elegante salón de su madre en la calle de la Paix.

Miraba con tanto resentimiento como envidia como Nita, delgada con un severo traje corto negro con grandes solapas de raso color frambuesa, hablaba con una cliente elegantemente vestida.

Su madre llevaba el pelo negro azulado en un corte recto, que le caía hacia adelante sobre la piel pálida de la mejilla izquierda en un gran rizo, y el llevaba en el cuello de Modigliani unos collares de perlas negras perfectamente emparejadas. Las perlas, junto con el contenido de una caja fuerte pequeña de su dormitorio, eran obsequios de admiradores de Nita, hombres internacionalmente prósperos que eran felices en comprar joyas para una mujer suficientemente exitosa para comprárselas ella misma.

Uno de esos hombres había sido el padre de Chloe, aunque Nita no recordaba cuál, y con el que ciertamente nunca consideró casarse.


* * *

La atractiva rubia que recibía la atención de Nita en el salón de esa tarde hablaba español, su acento sorprendentemente común en 1947. Chloe siguió la conversación con la mitad de su atención y dedicó la otra mitad a estudiar las modelos de talle fino que desfilaban por el centro del salón enseñando los últimos diseños de Nita.

¿Por qué no podría ser ella delgada y alta como esas modelos? Se preguntaba Chloe. ¿Por qué no podía ser ella exactamente como su madre, especialmente ya que tenían el mismo pelo negro, los mismos ojos verdes? Si solamente ella fuera hermosa, pensaba Chloe, quizá su madre dejaría de mirarla con tanta repugnancia.

Por centésima vez se prometió renunciar a los pasteles para poder ganar la aprobación de su madre… y por centésima vez, sentía ese hundimiento incómodo, esa sensación en el estómago que le decía que no tenía suficiente fuerza de voluntad. Al lado de la fuerza absorbente de Nita, Chloe se sentía como un soplo de polvo.



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