
Como era mi hábito, accedí. La palabra no era casi inexistente en mi vocabulario. Programamos la primera cita. Sofía me entregó la hora, el día y la dirección. Un poco más de un año ha corrido desde aquella tarde.
Sofía fue -hasta entonces- lo único raro acontecido entre nosotros. Nadie se casaba dos veces. De hecho, cuando Alfonso se separó de su primera mujer, fue como si la tragedia se hubiese colado bajo las puertas. Como en la familia no se conocía aún esta palabra -tragedia- se la asignamos a tal hecho cuando se gestó.
– ¡Qué cojones tiene! -fue, en privado, el comentario de Juan Luis.
Es que mis hermanos y yo nos habíamos casado para toda la vida, como lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos. Y un día, en esos largos almuerzos de los domingos donde nos reuníamos todos, Alfonso avisó, mientras tomábamos el pisco sour, que se había separado. Debe haber sido el primer domingo que, sin razones evidentes como viaje o enfermedad, Luz no asistió.
Que fue un golpe la separación de Alfonso, lo fue y por mucho tiempo un tema tabú. Ningún miembro de la familia lo hablaba en voz alta, aunque cada pareja, ya en el silencio de sus dormitorios, lo hubiese analizado y comentado mil veces. Peor lo tomaron mis tres cuñadas que mi hermana Pía y yo, seguro que temieron que se sentase un precedente. Pero con el tiempo se tranquilizaron: nadie más se separó. Ellas no contaban con lo que aún habría de venir. Se tomó como una locura de Alfonso y la frase cliché, que nunca falta en estos conglomerados humanos, fue que Alfonso era distinto, que siempre había sido distinto.
Mi debilidad por él nunca fue disimulada. Nuestra cercanía se creó en la infancia, sólo por casualidad, porque uno nació inmediatamente después del otro. Cuando Alfonso entró a estudiar Medicina, juré seguirlo. Lo hice pero no prosperó, aunque eso es harina de otro costal. Hoy es ginecólogo y una de las razones que lo inspiró a especializarse en problemas de esterilidad fue mi útero bicórneo, que tantos problemas me causó y que me hizo parir con grandes dificultades sólo dos hijos y no diez como hubiese querido.
