Mi temor es convertirme a la larga en un vegetal. Aún pienso, aún conformo pensamientos, porque vengo con el vuelo de haberlo hecho durante tantos años. Pero en la medida en que no ocupe el lenguaje, ¿podré generar nuevos pensamientos? Todos en torno a mí se preguntan cómo será la afasia. Es una enfermedad equívoca, como si hubiese desaparecido el lenguaje interno junto con el externo y no es así. Sucede que el mundo interno se queda sin comunicación. Como si eso fuera poco. Ellos se preguntan cómo será.

Una cárcel. Esa es la única respuesta.

Una cárcel en blanco.


Me han herido en el centro. Y yo que creía que el centro era el corazón.


* * *


He inventado un nuevo lenguaje: mis ojos. Los ojos no me servían sino para mirar. Hoy todo lo digo con los ojos y lo que ayer comprendía con la mente y el pensamiento hoy lo hago con mis ojos. El desconcierto, la pena, la fatiga, el desamor, el furor se convierten en miradas que distanciándose de otras miradas las destacan y me enseñan lo que debo aprender. Los ojos subrayan todo acontecer y los libros son ahora el blanco, y el blanco lo envuelve todo, menos los ojos. Con ellos veo el peligro y los desechos, siempre atentos. Ellos generan el pensar que ya no tendrá pensamiento y lo que mis ojos no reparen no existe, no me detengo en nada que no detecten mis propios ojos, no deben desviarse mis ojos, carezco de todo otro lenguaje, el único es el que ven y miran mis ojos.

Son ellos mi nuevo lenguaje. Desde hoy, mis ojos hablarán por mí.

Y es con esos ojos que contaré esta historia.


* * *


Al principio fue el ensueño, la equívoca ilusión de que el sólo hecho de poder comprender haría que la expresión volviese.



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