– ¿Lo ve? Tengo gente dispuesta a avalar mi carácter. Vamos, Phoebe. Conozca las maravillas de Lucia-Serrat conmigo.

Estaba a punto de negarse, sobre todo porque se enorgullecía de su sensatez… cuando de repente recordó las palabras de Ayanna. Su tía había deseado para ella que viviera su vida a fondo, a tope, sin arrepentimientos ni lamentaciones. Y Phoebe estaba segura de que al final lamentaría rechazar la oferta de Mazin, por muy alocado e irresponsable que fuera aceptarla.

– Lo del baniano suena bien -respondió con tono suave, y se dejó guiar al coche que los estaba esperando.

Dos

La joven lanzó una última y tentativa mirada por encima de su hombro antes de subir a su Mercedes. Mazin le cerró la puerta y rodeó el morro para sentarse el volante, pensando durante todo el tiempo en lo que estaba haciendo…

No tenía tiempo para jugar con niñas, porque eso era exactamente lo que era Phoebe Carson: una niña de unos veinte años. Demasiado joven e inexperta para salir bien librada en aquella clase de juegos. Entonces, ¿por qué se molestaba? Peor aún: ¿por qué estaba malgastando su tiempo?

Una vez ante el volante, se volvió para mirarla. Ella lo estaba mirando fijamente, con los ojos muy abiertos: como si fuera un conejillo asustado y él un mortal depredador. Una metáfora perfecta, pensó irónico. Debería marcharse, decirle que estaba demasiado ocupado para llevarla a dar una vuelta por la isla. Si quería una mujer, que no una niña, había docenas que volarían a su lado al primer indicio de interés por su parte. Lo conocían a él y a su mundo. Sabían lo que se esperaba de ellas. Entendían las reglas.

Phoebe, en cambio, no entendía nada. Incluso mientras arrancaba el coche, supo que estaba cometiendo un error. Porque estaba actuando de manera insensata, algo que jamás se permitía hacer. La naturaleza de su carácter no le permitía aprovecharse de aquéllos que no estaban a su altura. Pero entonces… ¿por qué estaba en aquel momento con ella?



11 из 79