– Meerkats. Oh, mira… es una reserva.

– Supongo que también irás a pedirme que nos detengamos aquí.

Quería hacerlo, desde luego, pero sabía que el baniano sería ciertamente un mejor destino que visitar con su compañero. Al menos, viendo aquel árbol, no se pondría a parlotear como una estúpida, de puro entusiasmo. Porque seguro que verse rodeada de aquellas simpáticas criaturas le produciría ese efecto.

– Estoy decidida a atenerme al programa -le dijo, intentando parecer madura-. Ya veré los meerkats otro día.

– Muy razonable -murmuró Mazin.

Su tono de voz llamó su atención. Lo miró, admirando su fuerte perfil, al aire de confianza y de poder que emanaba. Ignoraba por qué se molestaba en buscar su compañía, pero sabía que fueran cuales fuesen sus expectativas, estaba destinado a llevarse una decepción. Phoebe no tenía ninguna experiencia con el sexo opuesto. Aunque evidentemente él no podía estar interesado en ella en ese sentido…

– Probablemente te pareceré una niña -le dijo en un impulso. Se ruborizó instantáneamente y tuvo que reprimirse para no esconder la cara entre las manos. En lugar de ello, fingió interesarse por el paisaje.

– Una niña -repitió él-. Para nada. Una joven, en todo caso. ¿Qué edad tienes, Phoebe?

Pensó en mentirle, diciéndole una edad mayor, pero… ¿de qué serviría? La gente ya le echaba muchos menos años de los que tenía.

– Veintitrés.

– Eres una mujer adulta -se burló Mazin. Lo miró. Para su alivio, descubrió que su expresión era amable.

– No soy tan adulta. He visto muy poco mundo. Pero lo que he visto me ha enseñado a depender de mí misma -tragó saliva, y luego se arriesgó a preguntarle a su vez-: ¿Cuántos años tienes tú?

– Treinta y siete.

Hizo rápidamente el cálculo: le llevaba catorce años. No era una diferencia escandalosa, aunque ignoraba lo que Mazin pensaría al respecto. Sin ninguna duda, su mundo debía de ser increíblemente distinto del suyo. No tenían ninguna experiencia en común, lo cual podía agravar aún más esa diferencia de edad.



17 из 79