Aunque tampoco le importaba, desde luego. Phoebe no sabía por qué se había molestado en llevarla a conocer la isla, pero dudaba que tuviera algún interés personal en ella.

Se preguntó si habría estado alguna vez casado, pero antes de que pudiera reunir el coraje para formular la pregunta, Mazin se desvió por una estrecha carretera. Árboles y arbustos crecían a ambos lados, con sus hojas de un verde brillante rozando los costados del coche.

– El baniano está protegido por un decreto real -explicó Mazin mientras se detenía en un aparcamiento vacío-. Está catalogado como patrimonio nacional.

– ¿Un árbol?

– Valoramos lo que es único en nuestra isla.

Su ronca voz pareció acariciarle la piel. Phoebe se estremeció ligeramente mientras bajaba del coche. Sólo entonces se dio cuenta de que era un Mercedes enorme. Reconocía el símbolo de la marca, pero no tenía ni idea del modelo. Ella conducía un Honda de nueve años.

«Mundos diferentes», pensó de nuevo.

– ¿Está abierto el parque? -preguntó mientras caminaban por un sendero que llevaba a un patio cubierto, con un puesto de información. Miró a derecha y a izquierda-. No hay nadie por aquí.

– No estamos en temporada turística -le explicó Mazin mientras la guiaba suavemente de un codo-. Además, es demasiado temprano.

Phoebe contempló las diferentes especies de plantas. No reconocía ninguna. Había coloridos capullos por todas partes. Flores de color lavanda en forma de estrella colgando de los árboles. Vainas cubiertas de espinas de un rojo deslumbrante. Un aroma denso y salvaje impregnaba el aire, como si las flores hubieran conspirado para intoxicarla. Incluso el aire que rozaba su cuerpo era como una caricia sensual. Jamás había estado en un lugar semejante.

Mazin llegó primero al puesto de información y habló con el encargado. Phoebe alzó la mirada y vio que el precio de entrada eran tres dólares locales. Se disponía a sacar el dinero del bolso cuando de repente dudó. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? No se le había ocurrido esperar que Mazin le pagara la entrada, pero… ¿y si se molestaba?



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